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EL INGENIO DEL COPISTA



Si hay algo que agudiza el ingenio eso es la pereza. De qué manera si no se inventó el mando a distancia… pues con un vago en el sofá pensando en como cambiar de canal sin perder la postura.
Así que de la pereza del estudiante nació la técnica del copión que consiste en estirar el cuello hasta llegar al pupitre de delante y fusilar la lista de los Reyes Godos. Pero no basta con tener el pescuezo elástico como un galápago hay que conocer a las personas para elegir a la víctima adecuada. Tener psicología y copiarse de alguien que sepa más que tú, por que de lo contrario vamos derechos al cero pelotero. Una calificación que el gran copión debe evitar para mantener su prestigio: mira, ahí va el Gran Copión, sin abrir un libro y todo notable y además han suspendido a toda la clase por haberse copiado de él. Es un artista….
Y que me dicen de los chuleteros, de esos amanuenses que son capaces de meter en un billete del metro la tabla periódica, los ríos de España con sus afluentes y además les sobra sitio para resumir la Guerra de los Cien años con su lista de bajas completa. Son unos héroes, que al contrario que el copión trabajan a destajo, tanto que si dedicaran el mismo tiempo a hincar los codos que a fabricar chuletas aprobarían de calle… pero ¿hay honor en aprobar estudiando?, ¿no es mejor desafiar al siempre vigilante profesor y desenrollar del BIC las obras completas de Alberto Vázquez-Figueroa y sacarle un diez sin que se dé ni cuenta?.
¿No es hermoso esbozar una finta bajo el pupitre y escamotear el libro de texto abierto, justo, por la página en la que está la respuesta al maldito logaritmo neperiano? ¿Disfrutar de ese momento en el que tus compañeros comienzan a sudar frío por que te van a pillar y justo en ese segundo poner cara de ángel y sin pestañear responder a la pregunta: ¿Gutiérrez, no estará copiando…? Don Ángel no sería yo capaz de tal cosa y tragarte, sin que se te salten las lágrimas, los dos metros de papel higiénico en los que habías anotado la conjugación del verbo haber, con su indicativo y su subjuntivo, y todos sus personas y sus singulares y con sus plurales… que don Ángel iba a pillar a los desprevenidos.
Y qué contarles de los lápices tallados con jeroglíficos tan exactos que las ecuaciones de segundo grado eran coser y cantar
Esos vaqueros con los apuntes de química entre los pespuntes. El cajón secreto del plumier que se abría con un rico contenido en aprobados.
El prospecto del jarabe para la tos que escondía en la posología por qué pasó lo que pasó en Trafalgar...
Esto, por supuesto es algo que yo nunca hice y si me coincidió la respuesta con Perales fue por pura casualidad que ambos en la traducción de francés pusiéramos yes en lugar de Oui y no sirvió, que el yes tuviera acento de Montmartre

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