jueves, 8 de diciembre de 2016

Nunca pasa nada. ¡Cómo mola vivir en Jaén!


Hace unos días la vía ferréa se cortó durante unas cuántas horas entre las estaciones de Larva y Huesa a causa de una avería. Los Talgo entre Madrid y Almería quedaron detenidos. Aquello apenas dió para un breve titular en las noticias. A mi me recordó que en septiembre de 2007 sentado en mi poyete atiné a escribir un texto titulado «¡Cómo mola vivir en Jaén». Nueve años más tarde, con más musgo en la piedra, más arrugas en el rostro y más decepcionado que ayer, pero menos que mañana, sigue vigente:

«Esto es un autentico paraíso en el que la vida transcurre apacible, sin sobresaltos y sin que se monten unos tremendos pollos cada vez que el tren de cercanías no llegue por culpa de una catenaria averiada.1º en Jaén no hay cercanías y por lo tanto estamos libres de esos soberanos sustos y 2º, aquí la peña no es tan toca pelotas como lo son catalanes y madrileños, que por que se colapsen los servicios ferroviarios o se inunden tres tramos de la M-50 empiezan a dar el coñazo con que en esas circunstancias no se puede vivir, que se quedan sin puente esa semana, que si las vacaciones se les estropean...
Fíjense, sin ir más lejos, aquí en Jaén somos tan longevos por que no nos hacemos mala sangre con lo del tren y con lo de las autopistas de peaje. Aquí se cortó la vía del tren en Las Madrigueras y a la peña la montan en un autobús hasta pasar Linares-Baeza y van tan contentos sin que les griten a los micros de los telediarios que lo que ocurre es tercermundista: primero en autobús, luego andando, luego en el coche de San Fernando hasta que llegas a tu vagón… disfrutando del paisaje que tenemos en la provincia y sin joder a nadie con la cantinela de que llegas tarde a la boda de tu prima o a recoger la llave del apartamento.
Ya ven, aquí una tormenta se lleva la vía, el talud, las traviesas y no nos enteramos de que hasta sabe dios cuando por ahí no pasan los trenes y Santas Pascuas. Con tranquilidad, con dos güevos.
A quién le molesta el ruido del aviones al despegar en esta provincia…pues a nadie… que para eso hemos sido mas listos y les hemos colocado las pistas a los granadinos para que ellos apechuguen con las molestias y nosotros a la breva, a lo bueno, a recibir turistas a mogollón que están las estadísticas que se me salen de las celdillas del Excel.
Y si nos hemos librado de la contaminación acústica de los A-380 y los Jumbo que me dicen de nuestra astucia y sagacidad que nos ha escaqueado de aflojar peaje en las carreteras y de la sangría del tío de la caseta.
Si es que aquí vivimos como Dios. Sin sobresaltos, ni repelús. A ver amigo lector cuándo fue la última vez que tuvo que hacer cola para entrar al teatro a disfrutar del Rey Lear, pues nunca. Por que aquí hacemos cola para cosas importantes, como para ir al médico o para firmar la tarjeta del paro, o para coger la tapa de las cañas, porque esa es otra, dónde ponen tapas gratis con la cerveza. Si es que hay que dejarse de tantas chominás y disfrutar de lo que se tiene.
Además los españoles ya no se conforman con nada y están siempre dando por saco, no como nosotros que estamos tan contentos y tan longevos con este aceite de oliva que es un primor para el colesterol, que ni los japoneses viven mas que nosotros y por eso se suicidan como lemingos, seguro que es por que les nubla la cabeza el ir montados en el tren bala que tienen en Tokio, que eso no tiene que ser ná bueno el correr tanto ¡coño!»

No me extrañaría que con esta tropa que sigue al mando publique este texto, otra vez, dentro de nueve años. Buen puente

miércoles, 30 de noviembre de 2016

LLUEVE




Llueve y los chubascos trazan de verdín y ova los bajos de este poyete. Llueve y la lluvia es la gran noticia de esta tierra apegada al terruño y que baila al ritmo caprichoso de cabañuelas y los cabañuelistas del Congreso de los diputados. Siempre a la espera de una borrasca. Siempre a la espera de que caiga una sinecura, un carguillo, un puesto, una colocación o una paga para pagar los servicios prestados desde la Reconquista. Llueve en Jaén de medio lao, con malafollá cuasi granaína mientras la bailenmotril se llena de coches rumbo a la ciudad de los piononos y los decatlones a la celebración del blacfraidei en el nuevo centro comercial. Llueve en Jaén mientras el fango atasca las ruedas del carro del desarrollo de los boletines oficiales. El barro y los alcanciles silvestres medran en los solares adormecidos por el ritmo cansino de la lluvia macondesa y cansina. Los carriles y caminos del monte y la campiña son lodazales burocráticos en los que se embarran los proyectos e ideas de progreso. Llueve en Jaén y en Granada y en Huelva la gente se echa a la calle sin paraguas para decir que no les toquen más los hospitales ni los genitales. Que ya está bien y que hasta aquí llego la riada del mando yo. Llueve en Jaén sobre los carteles de obras fantasmas que parecen autocines americanos en los que ya sólo aparecen, de cuando en cuando, los fuegos fatuos y las luces mortecinas de unas olvidadas y polvorientas estrellas del titular y la crónica. Llueve en Jaén y se van por las alcantarillas las hojas que una vez fueron verdes y que el eterno otoño dejó caer sobre la calles que siguen callando mientras se doran y arrugan a la espera del invierno demográfico que anuncian los hombres del tiempo futuro. Llueve de través sobre el campo y sobre los tejados de un millar de casas deshabitadas en las que el agua, los ratones y los pocos autillos supervivientes del cementerio de pueblo hacen sus nidos, sus agujeros y socavan túneles y horadan y pudren maderas y cimientos. El tiempo se orina y se oxida los barrotes de ventanas y barandillas y la lluvia incansable, escasa e intermitente en sus regresos se abraza a las raíces de árboles y vecinos y los hace bailar una danza de mesa camilla, braseros de picón y de leña de olivo en estos tiempos de fracturas eléctricas desorbitadas para hacerle el caldo eólico, y el otro, a los que, cuando escampe, volverán a prometer el oro, el moro y hasta Boabdil en Fort Knox si es necesario para que el gatopardo siga siendo ambas cosas y que todo cambie lo justo para que siga lloviendo igual. Llueve en Jaén y la lluvia desdibuja los contornos de campanarios y cerros. Se borran las siluetas bajo la manta húmeda y gris del agua que recuesta su cabeza sobre una almohada hecha de montes y sierras. Llueve sobre Jaén y el agua empapa las hojas de este periódico olvidado en el banco de una plaza y la tinta se corre dejando unas titulares borrosos, casi borrados, como palabras a med…

MOEBIUS EN JAÉN




No sé si me pesan los años o el hastío. Vuelve Perico a girar el torno y la borrica a dar vueltas a la noria de esta realidad jaenesca presa en la cinta de Moebius. No paramos de andar pero siempre estamos sobre la misma superficie, el mismo carril, no llegamos a ningún sitio. Es una briega constante cómo nadar en un bol de mantequilla espesa. Es estar hasta los güevos de dar pedales y descubrir que la bicicleta es estática. Así seguimos. Así nos va. Yendo y viniendo en esta máquina del tiempo en el que se ha convertido los titulares de la prensa diaria. Viaje alucinante a la repetición, sufriendo el amarillo ictericia de la iteración, de esta moviola que proyecta, sin solución de continuidad las mismas imágenes.
A lo no hecho me remito y sus hechos inconclusos como las tuberías para sacar el agua de la presa de Siles ¿las tienes que hacer tú o las tengo que hacer yo? En cualquier caso lo único invariable; como en el universo la constante de la velocidad de la luz; es que esas obras las vamos a pagar los ciudadanos con nuestros impuestos. Así que por qué no las hacen de una maldita vez y dejan de mirar hacia otro lado mientras se pierden las aguas del Guadalimar por ese desagüe de la incapacidad que exhiben para no ponerse de acuerdo. Vendrán tiempos de sequía y arreciaran las lluvias de las críticas y se quejarán de la llegada de los bocachanclas, de los populistas y de los salvapatrias.

Entenderíamos que si el dinero para hacer la presa de Siles y sus tuberías saliera de sus bolsillos que se hagan, como lo hacen ahora, los remolones y se largaran a mear a la hora de pagar a escote la cuenta de la obra. No nos resultaría para nada raro que si los fondos para cargar las pilas del tranvía fueran con cargo a las cuentas corrientes de sus señorías se pelearan hasta el último aliento para no aflojar la cartera. Pero no son estos los casos. Aquí los que abonamos las consumiciones somos nosotros. Somos las partículas elementales de este universo, somos los que pagamos, somos las cuerdas que vibran para que la realidad salga de este bucle de aburrimiento en el que no están hundiendo. Debemos de darles un buen par de collejas, virtuales, para que se distraigan de ese choque de frases hechas a cámara lenta, de las acusaciones desgastadas de tanto usarlas, de ese hastío argumentario de partido, del tejido de este tapiz brumoso para tapar mediocridades y mediocres, de las nubes de humo que no remontan vuelo. Ya va siendo hora de recordarles que la pasta es nuestra y que por lo tanto se la tienen que gastar en nuestro beneficio, que es el de todos. Ya no serían soportable otros siete años de discusiones sobre las tuberías en Siles, de dónde se hace un centro de salud o a qué destinamos un solar… ya está bien. ¡Hagan el trabajo!  Rompan la banda de Moebius de una vez por todas

martes, 15 de noviembre de 2016

Los Ráner


A la gente ahora le ha dado por correr. Lo hacen por gusto algunos, por necesidad muchos y otros para maquear ante la peña con mallitas y zapatillas a las tres de últimas: generación, tecnología y diseño.
— ¿pronas o supinas?
— yo empecé pronando y ya ves voy supinando poco a poco.
Es decir que si echas los pies padentro, lo que antiguamente era ser zopo, eres pronador. Si por el contrario corres poniendo los pies como marcando las diez y diez eres tope supinador. Ser un ráner es más complicado de lo que parece. Ya no vale con ir a comprarse unas bambas, unas tenis, unas keds. Hay que ir a mercarse unas zapas y con el número de pié hay que especificar si pronas o supinas
—¿me da unas tórtola del 42 y medio para supinador?
—no me quedan ná mas que de suela neutra ¿se apaña?
—entonces me espero a que se las traigan, Por ahora me llevo una camiseta técnica, de tejido inerte y con  costuras reflectantes
—tengo unas baratas, antibacterianas con regalo de una felpa con luz de led para el pelo
—Ponme cuatro, que no me digan que soy un sinluces
Ya ven amigos. Ser ráner es algo más que ponerse a correr. Es una filosofía, un credo, una actitud, un desahogo ante la realidad que vivimos. Hasta no hace mucho cuando corrías por los carriles en los pueblos de Jaén o te tiraban piedras por raro o se creían que venías escapao de los Prados. Un riesgo. Menos mal que todo se ha ido normalizando y lo de correr es parte del paisaje. En mi pueblo a falta de trabajo la vía de servicio de la Nacional IV y la de la Bailén-Motril se ha llenado de peña ráner. Más vale desfogar sudando por esas cunetas que ponerse a pensar en los inútiles que nos están llevando, junto a Teruel y Soria, a tener menos densidad poblacional que el círculo polar ártico. Cómo dice mi amigo Hasse, que es un sueco y nunca se lo hace, allí por lo menos hay alces y renos, pero en Jaén tenéis un aeropuerto en Graná que eso es como lo de tener un tío en el paseo del Violón, que ni es aeropuerto ni es ná. También, dice mi colega nórdico, que en la provincia tenemos unos cuantos parientes en la Junta pero que siguen sin dar con la tecla buena para que suene la flauta. Y a dos paisanos en Hacienda, añado yo, en puestos muy principales pero que la declaración de la Renta nos sigue saliendo a pagar. Corramos

miércoles, 9 de noviembre de 2016

TECNOACEITUNEROS


El campo se ha llenado de máquinas. La ruralidad ha ido pereciendo ante la mecanicidad que lo ha ido invadiendo en los últimos años. El canto de los chichipanes, cuínes y jilgueros ha sido sustituido por el siseo de tubos de escape y el graznido ronco de sopladoras y cuads. Los tractores son más numerosos que las ginetas o los lagartos en las campiñas olivareras, Los únicos insectos palo que quedan son las vareadoras neumáticas.  Las boinas y gorrillas de visera han desaparecido de la testa de los agricultores. Ahora gafas de realidad aumentada, drones y aplicaciones agroinformáticas son las que marcan lindes, perfilan padrones y el pellizco justo de cobre o nitrógeno que hay que poner en los troncones. El campo ya no es lo que era. Ya es lo que será en el futuro. Poca gente, mucha producción. Jornaleros de smarfones y vareadores del big data para extrapolar producciones, rendimientos grasos y estado del fruto. Las cuadrillas ya no cantan aceituneros del pío pío ¿cuántas fanegas habéis cogío? Teclean en las tabletas y aipades horas, kilos, niveles de humedad y grados de erosión. Tampoco ya se cantan al cruzarse por los caminos camino al tajo, ¡¡¡meooones, meooones, meooones!!! en sana rivalidad de grupo aceitunero. Si acaso intercambiaran güasaps y memes mofándose de la gilipollez del día. Ahora la cosecha se hace temprana, extra temprana y madrugante. Lo de parar a fumar a las doce… un delito casi. Los manigeros ya no vigilan diciendo a los aceituneras «vamos nenas con las dos manos que con una amarga (el aceite)». Ahora son políticamente correctos, eficientes y profesionales «aceituner@s no hay que mezclar las del suelo con el vuelo. Tenedlo presente todos y todas y que la que quede para los zorzales y zorzalas que hay que cuidar la biodiversidad». Tampoco se paga a diario en casa del dueño de la finca. En lugar del sobre de papel manila te hace una transferencia por la ruralvía y santas pascuas. Las campañas se han reducido en su duración y en menos de dos meses la aceituna ya está molturada. Así ya no da tiempo para nazcan romances en los tajos. No hay tiempo y tampoco hay casi mujeres ya que han sido desplazadas del campo por las máquinas y los hombres que las manejan. De los doce millones de jornales que se ganaban los jienens@s en cada campaña olivarera hace unos años se ha pasado a tan sólo seis millones en la actualidad. El olivar se ha hecho más pequeño y las cuadrillas de jornaleros también. Ya nadie canta lo de «esta noche ha llovido, mañana hay barro, esta noche ha llovido, mañana hay barro, pobre del carretero que va en el carro», pero menos mal que suena en el spotifai del tractorista cada mañana por los carriles y camino del tajo. Al menos eso nos queda. Que se dé bien y buena cosecha

miércoles, 2 de noviembre de 2016

MUERTE


Vi a mi primer muerto cuando tenía poco más de cuatro años. Vivíamos en una calle con el paradójico nombre de Los Campos. Una cuesta empedrada en la que aún se abrían brechas de las cercanas eras y restos de sementeras. A nuestra calle le fueron creciendo alcantarillas y oscuro alquitrán y los vecinos se hicieron mayores. Cuándo todavía éramos un grupo de cinco o seis chavales orejones con las rodillas huesudas nos colamos por la puerta abierta de la casa de un hombre al que estaban velando. Aquel primer cadáver que vi tenía el color del pergamino y yacía en la cama, tieso como un palo, vestido con un serio terno gris de rayas que olía a armario viejo. Las plañideras y nuestras madres nos echaron del cuarto repartiendo algunas collejas, sin demasiado convicción por cierto, cuando nos descubrieron fisgoneando entre risillas y empujones  desde el zaguán.  La muerte era algo natural y extraordinariamente cercano. Era algo con lo que se lidiaba a diario. Una realidad que aún no se escamoteaba, como ahora, entre asépticas gasas y paredes hospitalarias. Una desenlace que pone triste fin en morgues escondidas en sótanos anónimos y enrevesados en la letra pequeña del seguro de decesos. Pero en esa época en la que el Día de los Santos era un gran día de fiesta nos bajábamos con las abuelas y las madres al camposanto a limpiar tumbas y lápidas. Ayudábamos a colocar ramos de flores y mariposas en vasos de luz. Las brochas blanqueaban nichos y los pinceles repasaban las letras de molde tras la que se escondían los recuerdos de los lutos que se guardaban en casa. Nos apiñábamos en la ventana del cuarto de las autopsias para mirar, con una mezcla de fascinación y maravilla, aquella mesa de mármol blanco en la que reposaba el taco de madera con el hueco para encajar la cabeza del finado. También nos asomábamos al pretil del pozo en el que decían las leyendas se echaban los esqueletos anónimos. Y nos parecía ver, flotando en lo hondo, calaveras y fémures entre las sombras y las luces de nuestra infantil imaginación. Al pasar por la tapia que daba al corral de los ahorcados hablábamos en susurros para no molestar a los del otro lado. Luego corríamos entre las cruces y las titas y las primas nos daban besos, regaños y pesetas para gastar en el quiosco cercano. La muerte era parte de nuestra vida al menos un día al año. Pero ahora a la Pelá se la ha arrinconado en habitaciones con olor a soledad y a sufrimiento. Qué solos se quedan lo que se están muriendo. Lo que no se enseña no existe más allá de una esquela en este periódico. Ahora sólo vemos a la muerte y a su trabajo en el cine y en el telediario. Pero la que te afila la nariz con la guadaña no para de girar su cuchilla haciéndola silbar. Le dimos la espalda pero ella sigue esperando el momento adecuado. El otro día estuve en el cementerio y me sorprendió ver tantas caras conocidas impresas en las lápidas. En una de ellas encontré la explicación de por qué llevaba tantos años sin ver a Manolo… su cara me sonreía debajo de un sagrado corazón. También me saludaron viejos amigos y conocidos desde su eterno descanso en lecho de cal, mármol y broncínea tipografía. «Te esperamos» parecían decir sus epitafios. Tardaré lo máximo posible respondí y volví a mi poyete rumiando lo ocurrido.

martes, 25 de octubre de 2016

ABUELA JAÉN


 
La muerta viviente. Jaén la vieja. Jaén la sola. Jaén el parque geriátrico y del sintrón. Jaén se muere y se arruga. Jaén se dobla, artrítica, por las rodillas que ya no la sostienen, Jaén está perdiendo el colágeno natural de los niños. La elastina de la juventud la estamos exportando con packlink fuera de esta tierra que envejece a marchas forzadas. Camina con muletas hacia un futuro desesperanzador con olor a linimento esloan y vicksvaporub. Lo publicó este periódico el otro día: «de aquí a 2031 la provincia verá reducida su población en un 9,52 %. 61.500 jienenses menos. Menos nacimientos, más defunciones y menos inmigrantes y emigrantes. Una ciudad que en 15 años será, si se cumplen las previsiones, más vieja y solitaria». Lo firmaba la joven Laura Velasco que añadía que las casas, como Fonseca, se van a quedar triste y solas sin gente en los salones. Los cuartos de estar serán los de faltar. La gente vivirá sola y en los parques los perros vagabundos serán más numerosos que los infantes. Las señales indican que «en 15 años, la mayoría de viviendas estarán habitadas por una o dos personas, aumentando este tipo de núcleos familiares un 14,41 por ciento en 15 años». 15 años tuvo mi amor. 20 años no son nada pero en ese tiempo la realidad jienense será la de habitaciones cerradas y camas mohosas. Patios y corrales invadidos por la desmemoria y feraces jazmines sin podar. Jaén, parque natural geriátrico. Abuelos, yayos, ancianos, viejos: la tercera edad casi llegando a la cuarta fase con el alargamiento de la esperanza de vida. Antes las pensiones eran lugares en los que encontrar camas, lites, chambres a precios y limpieza honesta. Hoy las pensiones son los clavos en los que se sujeta el mapa jienense. Cocoon 2 podrá rodarse en la provincia. La Fuga de Logan en una versión inversa y alternativa. Habrá extras de sobra. Los fabricantes de rótulas y bolas de cadera aumentaran sus ventas por estos lares de manera exponencial y bastones y garrotas pedirá que se les rebaje el IVA al ser productos de primera y básica necesidad. Jaén quedará sostenida en las columnas hechas de  cayados, báculos, muletas y macanas de avellano, castaño y olivo, Los viejos y sus apoyos, arrimos y sostenes manteniéndose en pie esperando la visita de los nietos que se fueron a buscarse la vida. Jaén mercado negro de cremas y pomadas antiaging. Dorian Gray sigue en el gobierno y su retrato escondido entre las lomas de esta tierra encanecida, enhebradas las sienes de plata y desencanto

martes, 18 de octubre de 2016

FIN DE FIESTA


Sanlucas estirado cuan largo es en la cama del potro del calendario. Estirado por otra vuelta de tuerca para elongarle los tendones festivos. La ciudad se queda exhausta, mareada por tantos giros de la enorme noria que ha presidido unas calles feriales en las que el mundo oficial se ha ido diluyendo en los últimos tiempos. Copas y capos oficiales a tutiplén a escote del presupuesto dejando con las tetas al aire a la cosa pública. Las cortes y cohortes de gerifaltes, jefecillos, reyezuelos y sátrapas locales desaparecieron con el frío que sopla desde los bolsillos vacíos. Había competencia en el tamaño de las raciones, el largo de las gambas y el grosor de las lonchas del jamón. Se peleaba duramente por arrastrar la cola más larga hecha de invitados en aquella fiesta que terminó por terminarse de abrupta manera. Las cajas se cerraron o se fundieron. Las fuerzas vivas han ido muriendo sin la respiración asistida del pulmón de acero subvencionado. Han dejado libre el ferial sanluqueño. Dad al pueblo lo que es del pueblo. Así lo quiso el Condestable de Iranzo. Que a mis villanos no les falte de ná. Ni una mala comida ni un buen palo. Que se acostumbren a la guerra que para la paz el gusto ya vendrá sólo. Entretanto los asuntos del diario se siguen arrinconando a la espera de lo que pasa en los madriles. Jaén siempre mirando a los señoritos de la capital para saber lo que pasa con sus haciendas y con sus hacendados. los que quieren fijar a la gente en el territorio están muy pendientes de quedar fijados en la Carrera de San Jerónimo en una de las llagas de la cinco que tiene la sede del Parlamento regional. Escaño del redentor y sangre de los afligidos por la incertidumbre  de lo que pueda pasar con lo de ¿qué hay de lo mío? Dicen que para los Santos quedará la cosa solventada y que tendremos un Halloween tranquilo. Con tan sólo sobresaltos de vampiros, zombies y hombres lobo. Por fin la cosa se tranquilizará y las dietas y la nómina a cuesta del erario público dejarán de pender de un hilo sobre el erial de desempleo y desesperanza que acogota al mismísimo Sanlucas. Santo paciente y jobiano  que se deja estirar, con gusto por los sayones, de las ingles y de la sobaquera para dar solaz a los villariegos mientras los palaciegos arreglan sus cosas de importancia sin que los importune lo importante. Mañana doblaremos la hoja almanaquera caída en el otoño recién nacido y descubriremos que: cuando termine la fiesta los problemas; como el dinosaurio; seguían allí

martes, 11 de octubre de 2016

CON TOROS Y SIN LLOVER


 
—Que sí Agudo, que de tanto chisquear han jodido el asunto. Si no de qué te explicas que anuncien los toros en San Lucas y no llueva. Se han cargao hasta el tornillo pedrero, la trócola y hasta el bénding. Tó lo que tocan lo escuajaringan.
— Hombre visto así…
—Cómo to lo trastean pues fíjate tú. San Lucas y sin llover y sin trazas de que lo haga. Esto ya no es ni feria ni es ná.
—Ya ni los mejores refranes funcionan
—Yo he visto varias veces como Jabalcuz se ponía la montera y ni un triste chubasco ni pollas. Que te lo digo Agudo que esto lo han manoseao tanto que no hay cojones a arreglarlo. Esto va a acabar como la cerveza del Alcazar ná más que espuma en la memoria. Si la cosa sigue así hasta los que vengan a Jaén llorando cuando se marchen lo harán riendo.
—Te veo muy pesimista ¿no estarás exagerando?
— ¡¿EXAGERANDO?! Si el otro día me dijeron por el feisbuc que Jaén tenía cinco parques naturales
—¿Cinco? ¿serán cuatro no? , Mágina, Andújar, Despeñaperros y Cazorla, Segura y Las Villas
—Eso le contesté yo, pero el hijoputa me añadió el quinto: el parque natural del desempleo. Hasta se guasean de que seamos una de las provincias con más paro de España. Lo que nos faltaba que nos colgaran otro sambenito parque natural del paro, ¡uff! entre el per, los linces y la sarna de las cabras estamos apañaos
—Apañaos, eso es lo que dicen de mi pueblo, que Bailén es el pueblo de los apañaos. Menudo apaño el de cientos de fábricas cerradas. Ni polla gorda el hornero
—Ahora exportamos, además del aceite de oliva, mucha mano de obra joven. Si hacen un jienenses por el mundo tienen material pá milquinientos capítulos. A quien Dios quiso bien casa le dio en Jaén y a sus hijos billetes de tren para irse a buscarse la vida por esos mundos.
—¡Mira otro refrán que falla?
—Si te lo estoy diciendo Agudo que algo se ha torcio y ni anunciando a Curro Romero llueve con la faltica que hace. Ya ni reventar como el lagartojaen vamos a poder. Si es que se meten en tó y luego no saben sacar las patas y claro, pasa lo que no tenía que pasar
— Yo hecho de menos las fotos en el Ideal de las copichuelas y ágapes en las casetas de los administradores de la cosa pública y de las fuerzas vivas de la provincia
—Algunas ya no lo están tanto, vivas, digo.
—Pero no me negaras que las fotos del Zarrias subido a los coches locos o del Fernández de Moya con un biscúter en la mano no tenían su aquél por cada San Lucas
—Pero tó se acaba Agudo y aquí estamos con los toros anunciaos y sin chispear con una provincia que se mueve menos que los caballos de Cubero.
—Pues mira ese dicho sí que sigue funcionando ni pollas

martes, 4 de octubre de 2016

GENTE


Se acabó una semana, la pasada, dejando claro que la importancia poco o nada tiene que ver con lo importante. Durante siete días el trafalgar socialista inundó la bahía de humo de cañonazos y gritos de la marinería. Abordaje  de viejos navíos que aún no saben que serán sustituidos por buques movidos por otros vapores. Naufragios que la galerna repartirá a babor y a estribor mientras que sigan confundiendo la proa con la popa. Entre toda esa batahola de cubierta y de las puñaladas en la sentina y la rapiña de las santabárbaras la vida en la orilla continua. Ayer, sin ir más de lejos de mi casa, a pocos cientos de metros, la gente del cerosesentayuno se afanaba en salvar la vida de un paisano y espero que su eficiencia silenciosa y profesional tuviera éxito. Lo importante aquí coincidía con la importancia y con los familiares que se abrazaban y confiaban en un final feliz. Cada día de la pasada semana, la de la anterior y la anterior están repletas de este tipo de sucedidos que forman parte de la vida. Una vida que no se detiene y que la viven unas gentes; esas a las que todos dicen ahora apelar, defender y representar; que la afrontan con dignidad y sacrificio. Es la gente que te sonríe cuando te sirve el café por la mañana. La que pide por favor un par de cañas al camarero apurado por la bulla del domingo. La que llena las salas de espera de los hospitales esperando que no sea nada. La que hace cola ante la ventanilla de la oficina de empleo. La que sólo recibe cartas de los malajes del banco pidiendo que regularice su saldo o que tomarán medidas judiciales. La gente que se arregla para ir de paseo y que tiene a los hijos y a los sobrinos buscándose la vida en el extranjero. Son los que nunca salen en españoles por el mundo pero los que llenan los aviones de rayanair e isiyet. Vuelos en los que te cobran más por una maleta que por el billete. Es la gente que esta mañana madrugó para poner las calles en las que dicen que se van a manifestar para sacarlos de sus apuros. Son los tipos que van por delante y aún que conservan a los amigos de la infancia. Son las mujeres que se ríen cuando les hablan de discriminación positiva y conciliación de la vida familiar mientras llevan a los niños a la escuela con unos horarios imposibles. Es la gente que tuvo que dar un rodeo para llegar a su casa o al curro porque cortaron la calle Ferraz. La misma que jura por lo bajini cuando circula por Génova. Son los hombres y mujeres a los que les han roto tantos sueños que ya no confían en nadie. Son los que juran en arameo en el atasco de la mañana por culpa de la improvisación municipal. La que mantiene la calma a pesar de ver tirados en la calle, cada día, 100 millones de euros sin que nadie haga nada. La que cuenta chistes sobre el mareo de la perdiz que se quiso matricular en el nuevo conservatorio o la que ya se ha rendido a ver a los trenes sólo en el cine. Esa es la gente que espera que no le jodan la vida. Que los dejen en paz y que cumplan, como ellos hacen a diario, con su deber.