
Mientras la oposición siguen dormitando en sus cuarteles de verano restañando las heridas de la pasada primavera, las que se hizo al enredarse en la zarza del 22 de mayo, el equipo de gobierno de la capital mantiene una notable exposición pública, sobreexposición dirían otros, con anuncios de esto y de aquello un día si otro también.
Lo más reciente es el anuncio de un nuevo centro comercial de casi 57 millones de euros en la zona norte de la ciudad. Asunto que parece amarrado, salvo que luego; en esta ciudad son especialistas para ello; se enreden los rinconetes y cortadillos en alguna de esas discusiones tan queridas en este reino santo de la esterilidad sobre si el suelo está calificado como podenco o como galgo.
En cuanto a los sindicatos, parecen que se han reencontrado consigo mismos y ya anuncian huelgas y un otoño caliente, tras el desplome del PSOE en las últimas elecciones. Sin ir más lejos UGT anuncia una huelga de las trabajadoras de Macrosad que llevan 4 meses sin cobrar, un trimestre entero en el anterior mandato, pero han esperado hasta ahora en una causalidad clara y que nada tiene que ver con la casualidad calendaria.
Los gobernantes tienen que desprenderse de esa molesta manía de endosar las deudas institucionales a los partidos gobernantes. Porque quien debe, al final, son los ayuntamientos. Los gobiernos tengan el color que tengan son los que tienen que hacer el abono y que, a tenor de lo que está pasando, el único color que no tienen es el del dinero.
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