
Feliz año nuevo y que 2011 venga cargado de ayuda para resistir la larga escalada que tenemos por delante.
La cuesta de enero se empina hasta casi diciembre con las subidas de la luz, el agua, el gas, el transporte, el tabaco y las gasolinas.
Las largas colas del paro se han tragado a las tradicionales colas que se hacían esperando a las rebajas y menos mal que el olivar está dando un respiro a los jienenses con algunos jornales, entre temporal y temporal, que ha dejado lleno a los pantanos y entredicho el mantenimiento de las infraestructuras de la provincia que han hecho aguas cada vez que llovía fuerte.
La cosa viene tan torcida que hasta los candidatos de las próximas municipales tiemblan desde las canillas augurando el batacazo que se pueden dar con la herencia que les están preparando en la notaria de las encuestas.
A todo ello hay que hacer frente a los gastos de una gente que todavía no se ha dado cuenta de que el tren, o el tranvía, de vida que llevaban ya no se puede mantener. Que hay que cambiar de vida. No basta con que nos digan que tenemos que apretarnos el cinturón, lo que es necesario es que los de la cosa pública, primero renuncien a los cinturones de Gucci y Prada, y luego se lo ciñan hasta el último agujero o seguiremos cayendo en el agujero negro de su armario.
La cuesta de enero se empina hasta casi diciembre con las subidas de la luz, el agua, el gas, el transporte, el tabaco y las gasolinas.
Las largas colas del paro se han tragado a las tradicionales colas que se hacían esperando a las rebajas y menos mal que el olivar está dando un respiro a los jienenses con algunos jornales, entre temporal y temporal, que ha dejado lleno a los pantanos y entredicho el mantenimiento de las infraestructuras de la provincia que han hecho aguas cada vez que llovía fuerte.
La cosa viene tan torcida que hasta los candidatos de las próximas municipales tiemblan desde las canillas augurando el batacazo que se pueden dar con la herencia que les están preparando en la notaria de las encuestas.
A todo ello hay que hacer frente a los gastos de una gente que todavía no se ha dado cuenta de que el tren, o el tranvía, de vida que llevaban ya no se puede mantener. Que hay que cambiar de vida. No basta con que nos digan que tenemos que apretarnos el cinturón, lo que es necesario es que los de la cosa pública, primero renuncien a los cinturones de Gucci y Prada, y luego se lo ciñan hasta el último agujero o seguiremos cayendo en el agujero negro de su armario.
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