
Los partidos políticos deben haber tomado por gilipollas a sus votantes cuando les arengan tal o cual domingo por la mañana, hinchando la vena del cuello, gritándoles: ¡nosotros no somos como ellos!. ¡Aquí somos honrados. Somos alérgicos a la gusanera de la corrupción en la que ellos sí, se bañan a diario!. Y de igual manera este mismo discurso se lo pone en la boca el líder de los “ellos” para señalar a “los otros” en este ir y venir por los recovecos del caserón de la película de Amenábar en la que no se sabe bien quien está vivo o muerto.
Y es que tener el carné de un partido en particular no exime a su dueño de estar sumido en la estulticia, ya que la tontería es; no se sabe bien aún; una virtud o un defecto que se reparte de manera democráticamente aleatoria entre la especie humana y, nadie, que yo sepa conoce a alguien que se haya recuperado de la imbecilidad que arrastraba desde el recreo de 3 de EGB por que se haya afiliado a unas siglas en concreto.
En mi pueblo suelen decir que: quien tonto va a la guerra, tonto viene de ella. Ya sea como vencedor o como vencido, quien es un lelo lo es en un campo de prisioneros o mandando un pelotón de fusilamiento. Por lo tanto no se muy bien a lo que juegan esta panda que a poco que les tosen se embozan en unas siglas o unos colores para esconder sus vergüenzas intelectuales señalando a los contrarios como los culpables de la muerte del burro que prestó su mandíbula a Caín para que le diera matarile a su hermano Abel.
Ustedes se creen que el gañán de su cuñado va a dejar de serlo por que se afilie a “A” o a “B”, o que el cafre del piso de arriba dejará de poner la música al máximo de volumen por que le hayan elegido senador del reino por tal o cual sigla política.
No hay que darle más vueltas el tonto no se hace, lo nacen de madrugada cuando el cambio de luna como a cualquier hijo de vecino. Otra cosa que cuando crezca estudie y profundice en lo que más le abunda, y como le dijo el “uno” al “otro”: ¡si eres más tonto no naces!
Y es que tener el carné de un partido en particular no exime a su dueño de estar sumido en la estulticia, ya que la tontería es; no se sabe bien aún; una virtud o un defecto que se reparte de manera democráticamente aleatoria entre la especie humana y, nadie, que yo sepa conoce a alguien que se haya recuperado de la imbecilidad que arrastraba desde el recreo de 3 de EGB por que se haya afiliado a unas siglas en concreto.
En mi pueblo suelen decir que: quien tonto va a la guerra, tonto viene de ella. Ya sea como vencedor o como vencido, quien es un lelo lo es en un campo de prisioneros o mandando un pelotón de fusilamiento. Por lo tanto no se muy bien a lo que juegan esta panda que a poco que les tosen se embozan en unas siglas o unos colores para esconder sus vergüenzas intelectuales señalando a los contrarios como los culpables de la muerte del burro que prestó su mandíbula a Caín para que le diera matarile a su hermano Abel.
Ustedes se creen que el gañán de su cuñado va a dejar de serlo por que se afilie a “A” o a “B”, o que el cafre del piso de arriba dejará de poner la música al máximo de volumen por que le hayan elegido senador del reino por tal o cual sigla política.
No hay que darle más vueltas el tonto no se hace, lo nacen de madrugada cuando el cambio de luna como a cualquier hijo de vecino. Otra cosa que cuando crezca estudie y profundice en lo que más le abunda, y como le dijo el “uno” al “otro”: ¡si eres más tonto no naces!
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