
Traigo hasta la bitácora una columna de opinión firmada por el periodista Antonio Garrido publicada en el gratuito Viva Jaén el día 12 de octubre. Un escrito en el que se pone de manifiesto la actitud de los políticos más preocupados en seguir enredándose en viejas y antiguas rencillas personales y de navajeo en el bajo vientre que en abrir caminos de diálogo y acuerdo para que la comunidad que regentan avance. Garrido se refiere a Jaén, pero podría estar hablando de muchas ciudades que siguen genuflexas ante la sumisión generalizada a la mediocridad que nos rodea.
Señora alcaldesa, señoras y señores concejales, les confieso que no me gusta el desarrollo de los plenos que he tenido oportunidad de ver o escuchar a través de Onda Jaén. Tengo alguna experiencia en asistencia y seguimiento de sesiones plenarias y he conocido a varias corporaciones y a todos los alcaldes y concejales, en especial desde 1979 hasta la fecha y tengo la impresión de que el panorama ha cambiado sensiblemente, pero a peor. Siento nostalgia, sobre todo, de la primera corporación democrática del Ayuntamiento de Jaén, con diferencia, la mejor que ha tenido esta ciudad en la historia reciente. Se debatía en profundidad pero con respeto con unos políticos que dejaron el listón bastante alto, con Emilio Arroyo como alcalde, con Pilar Palazón, con Manuel Anguita, con Luis Miguel Payá o con Felipe Oya, cada uno desde su posición política, a veces con acaloradas discusiones, pero siempre desde el respeto y la cordura y las ganas de construir una ciudad mejor. No puedo olvidar, porque viene muy a cuento, algunas individualidades dentro de que en el conjunto había una notable calidad política, de personas como Rosario Ramírez, que desde su inequívoca adscripción militante era una lección y al tiempo un bálsamo democrático. O las intervenciones del público, entonces permitidas y regladas, con ese modélico defensor del movimiento vecinal en general y de su barrio de El Tomillo, en particular, como era mi admirado amigo Pedro Expósito. ¡Qué pensaría Pedro ahora!Los plenos de la Corporación Municipal recién elegida, y en particular el último, me ha vuelto a parecer soporífero, insoportable para cualquier jienense de a pie que quiera estar informado de los asuntos de su Ayuntamiento y de su ciudad. ¿Cómo se puede llevar cinco horas un asunto, en concreto el de la subestación de La Victoria, que se podía haber resuelto en una hora y media como mucho? No se trata de hurtar los debates, sino de abordarlos con diligencia, para que los portavoces se centren en las argumentaciones y vayan directamente a lo concreto. Las posiciones estaban claras, y sobraban las puestas en escena de cara a la galería y hasta los tufillos demagógicos. ¿Quién no va a sentir escalofrío cuando se argumentan razones de seguridad? Otra cosa es que se puedan probar algunas afirmaciones categóricas como con tanta facilidad suelen hacerse. Desde luego escuchar a un portavoz intervenir durante una hora, caso del señor Segovia, se aguantó muy bien en los primeros quince minutos, pero sobraron los demás. Qué decir del equipo de gobierno en el que han de oírse al menos tres voces (los señores López, Cano y el cierre de la señora alcaldesa) que no hacen más que repetir la misma letra y música. Demasiada reiteración. Por cierto, innecesario buscarse enemigos, bien sea Endesa, El Corte Inglés o el obispo, da igual. Innecesarios los insultos y ciertos tonos. Innecesarias algunas 'clases' de pedagogía política. Innecesario seguir el síndrome nacional que consiste, parece, en mirar permanentemente para atrás en vez de hacia delante. Si hay cargos contra el PP, a los tribunales y que cada palo aguante su vela, pero la ciudadanía no puede cargar con esos pecados, si los hubiera. A los políticos locales se les pide eficacia y que respondan con hechos a la ilusión generada, porque ciertamente es así, tras las últimas elecciones, en lugar de enfrascarse en actitudes revanchistas. Este Ayuntamiento podía ser ejemplar, simplemente si se dedicara sólo a construir y a desarrollar un modelo de ciudad. Ciertos comportamientos producen descrédito, y los políticos parecen no enterarse. En fin, no queremos aguar la fiesta de San Lucas pero o se cambia la mecánica de los plenos y de la vida municipal en general o, en contra de lo que seguramente se pretende, acabarán cansando a los ciudadanos con esa imagen penosa que en general todos están dando. Y si no pregunten en la calle, si es que les deja la arrogancia postelectoral.
Antonio Garrido.
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