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PREGÓN DE SAN JOSÉ OBRERO


Revisando el archivo he encontrado el pregón que pronuncié en mayo de 2004 en las fiestas de mi barrio, San José Obrero. Así que antes de que lo vuelva a perder por los recovecos de los cajones o se desintegre el disquette que lo contenía os lo dejo por aquí.



Paisanos, Paisanas. Vecinos y vecinas… ha llegado el momento de abrir la puerta, un año más, a las fiestas del barrio a las que da apellido su patrón… San José Obrero.

Me encarga la asociación de vecinos “El Cantarico” que sea yo quien deba pregonar los días de algarabía que tenemos por delante, y por detrás que el calendario ha sido generoso en este año para el disfrute, después de que en ocasiones anteriores tuvieran esta grata tarea, Andrés Cárdenas y Juan Soriano, así que agradezco, muy sinceramente, el poder estar incluido, junto a tan insignes personas, en la lista de pregoneros de estas arraigadas celebraciones del Barrio de San José Obrero.

Y me hacen esa solicitud, a mí que soy uno de los vecinos del barrio nuevo, el apodo que le puso esta muy noble y leal ciudad de Bailén al primer lugar que se le reconocía tal rango de manera espontánea y popular. Tanto es así que fue acortando su nombre mientras le iban creciendo calles, jardines y plazas para ser conocido, únicamente por el Barrio, así con mayúsculas.

Que queréis que os diga de nuestro barrio que vosotros no sepáis o de la persona de este pregonero que se ha criado en la calle Piqueros y que ahora vive en la calle Independencia, justo enfrente de la plaza de El Cantarico, vamos que me he mudado de casa tres veces y no he recorrido ni cincuenta metros.

Por quien aquí se ha criado, aquí le gusta vivir y a la vista está que la segunda generación de la barriada está empeñada en llenarla con una tercera, que garantizará que este asunto, que hoy tenemos entre manos, tendrá un esperanzador futuro y que seguirán disfrutando de los rosales, jazmines y galanes que perfuman las noches de verano, cuando da gusto sentarse a tomar el “airecico” a charlar con los vecinos del tiempo o de lo cara que está la vida. Sin prisas, con sabia tranquilidad.

Que el cántaro, vecinos, siga por mucho tiempo manando agua y no se siga empeñando en ser como el cántaro del escudo de Bailén, con un agujero en la panza y que los jardines prosperen con el respeto de todos y llenen de colorido los rincones de este barriada tan querida en nuestro pueblo por mil y una razones que sería ahora demasiado prolijo enumerar desde esta tribuna y que vosotros conocéis de primera mano, vecinos, y que no os costará trabajo percibir a los que estáis de visita

Una zona de Bailén, nuestro barrio, que ha venido demostrando una personalidad propia y la capacidad de generar sus propias tradiciones gracias al empeño y tesón de sus vecinos. Cuestión esta fundamental e imprescindible, por que ningún barrio, sea arrabal o del centro, lo es sin la gente que lo vive y lo habita y aquí en el Barrio hemos sabido darle una presencia singular que a lo largo de los años ha trascendido al resto del pueblo para convertirse en una clara referencia vital y social de todos los bailenenses.

Desde sus cuatro calles y los pisos de la cooperativa, aquel núcleo de viviendas de gente humilde y trabajadora ha ido creciendo con numerosos bloques, algunas plazoletas, grandes urbanizaciones de viviendas adosadas, que han ido aumentando, espectacularmente su población, pero sin perder su carácter popular, sencillo y sin dobleces, y que te impide pasear por cualquiera de sus calles sin saludar a 10 de cada 10 vecinos que te encuentres.

Estamos en fiestas, momentos de pasárselo lo mejor posible, pero también; por qué no; de reflexionar mientras degustamos los caracoles, que ya es temporada, del bar Contreras, del Bar Ángel, Del Bar Álvarez, el antiguo Martina, o en cualquiera de las muchas casetas instaladas en el improvisado recinto ferial, de las necesidades que también están presentes en la realidad de nuestra barriada y que deberían tomarse en cuenta por las autoridades locales, provinciales y autonómicas.

Sumar al desarrollo urbanístico la dotación de las necesarias instalaciones públicas para mejorar la calidad de vida de los ciudadanos, por qué el crecimiento es bueno, pero mucho mejor si se hace de manera equilibrada para seguir ahondando en una ciudad habitable, cómoda, amable y humana.
Que San José ilumine a los que tienen que tomar estas decisiones y les ayude a conseguir un pueblo mejor para todos.


Queda pues hecha pues la necesaria reivindicación en esta plaza de Blas Infante, que no ha mucho tiempo atrás era la granja a la que veníamos a comprar la leche y los huevos del día y a bañarnos en la piscina; pavimentada de terrazo, a duro la entrada. Una granja que ahora es este recinto en el que quedan no pocas moreras a modo de memoria vegetal y que sirvieron para alimentar a los gusanos se seda que guardábamos en las cajas de cartón, de las zapatillas de lona marca la “Tórtola” que eran el uniforme de la chavalería de por aquí; que las Adidas estaban muy lejanas económicamente y las Nike aún no se habían inventado.

Zapatillas de loneta que eran el mejor calzado para escalar los padrones del camino, que ahora es prolongación de la Calle María Bellido, y para meternos en los charcones a pescar cabezolones para ver como se transformaban en ranas mientras chapoteaban en una lata de conservas Calzado que guardábamos en un rincón del patio.

Zapatillas que eran lo mejor para correr huyendo de las piedras jeñas que te llovían durante las famosas guerrillas entre las calles y los pisos y que no pocas aporreaduras nos han dejado en la cabeza, que tapamos con el flequillo de los recuerdos de aquellos años en los que con una peseta Gabriela te vendía 10 caramelos saci en la mesa que hacia las veces de kiosco en la revuelta de su casa. O en el kiosco de Paco, en la esquina del cine escopetica, te daban un indio de plástico o un cuento del Jabato o de Hazañas Bélicas que atesorábamos en las cajas de lata con aquellos dibujitos chinos.

Recuerdos de los veranos en los que comprábamos los cucuruchos de helado, de “mantecao” que resfriaba menos, de aquel tipo que voceaba por las siestas: el que lo prueba repite, si su bolsillo se lo permite. Al rico helado de piña para el niño o la niña, y que echaba las siestas a la sombra de los árboles de las escuelas.

O de aquel viejo, que en pleno agosto, voceaba los piñones que vendía en medidas de madera a dos reales, a peseta o a duro… y que llenaba de una espuerta de esparto que cargaba al hombro, o como cuando caía la tarde esperábamos que el tortero hiciera sonar su trompeta para salir en tropel a comprarle tortas de milagro.

Memorias de unos tiempos en los que la calle era de los niños que se tomaban la merendica de pan y chocolate sentados en la lonja de las escuelas. Que jugaban a la pelota sin apenas coches que interrumpieran los desafíos, que cuando eran algo más serio se trasladaban a las eras o cuando ver la televisión se reducía a la media hora que duraba el capítulo de Daktari para volver a salir a la calle a jugar a pie quieto, al borrucho o a darle a la pita.

A los que hemos vivido aquí toda la vida, pelándonos las rodillas jugando a los libretes y a los platicos en las “escalericas” de las escuelas todavía nos sorprende como la civilización se tragó el pozo de las dos bocas y que la Casita Blanca esté cada vez más cerca del pueblo empujada por casas de campo.

Que las dos eras juntas en las que los chavales jugábamos al fútbol entre mulos trabados se haya convertido en calle con sus cocheras y sus escaparates que ha sustituido a los sembrados en los que cogíamos espigas y matábamos peludos en los pinchos que perfilaban los caminos.

Que la antigua granja haya trocado en los Pisos Verdes y que los charcones del barrero que había detrás se hayan construido en lo que el Plan General de Ordenación Urbana llama pomposamente zona de expansión de Bailén.

Y os digo que no deja de sorprenderme por que la percepción del paso del tiempo es tan subjetiva que da la impresión de que fue el año pasado cuando el recordado Montes con su vecino Nicolás se pusieron manos a la obra para organizar las primeras fiestas del barrio, en la plaza de El Cantarico… años más tarde me enteré que el nombre auténtico era Del Ejército Español, pero como el pueblo es soberano le pone el nombre que la da la gana a sus cosas y no es cuestión de llevarle la contraria.

Así que cuando muchos llevábamos pantalón corto, que las bermudas aún no se habían inventado, y solo los niños enseñaban las rodillas nacieron estas fiestas desde el convencimiento y el impulso ciudadano, garantía del éxito que les ha ido acompañando a lo largo de los años, que las tradiciones que se quieren imponer por las autoridades suelen ser arrinconadas por aquellos a los que no se les debe obligar a nada y mucho menos a divertirse por decreto.

Lo que comenzó como una verbena improvisada, cosas de vecinos que tomaban el fresco en las noches de verano a la puertas de sus casas, mientras los niños jugaban en las revueltas a cazar grillos y contar salamanquesas en las farolas, fue creciendo como el barrio, como nuestro barrio, hasta convertirse en una clara referencia del calendario festivo de Bailén, por que todos los años La Carrera en mayo se parece más a la Calle El Santo en Julio, de gente arreglada y con sus hijos de la mano para montarlos en los cacharritos y luego cerrar la noche con unos biscuters y la correspondiente chuleta.

Es fácil hacer de pregonero entre vosotros por que la fiesta del Barrio existe gracias a sus vecinos, así que poco tengo que esforzarme para animaros a que lo paséis lo mejor posible y aprovechéis estos días de fiesta que ahora se abren con el mes de mayo en honor de San José Obrero.
Santo esforzado en el trabajo y la dura faena de sacar la familia adelante, no es de extrañar que su fiesta, nuestra fiesta, del 1 de mayo sea una perfecta excusa y hacer un alto en el camino, recibir a todos los visitantes con la hospitalidad que demostráis año tras año, con los que hasta aquí llegan, sea paisanos o forasteros, para compartir una fecha, la del día del trabajo y de los trabajadores. Los mismos que dieron nombre al barrio y se lo siguen dando todavía.

Los mismos que madrugan a diario y que ahora han llenado de banderines de colores las calles y de macetas los balcones. Los mismos que llevan a sus niños a la escuela y que ahora han engalanado sus puertas y encalado las fachadas… con ellos, con vosotros juntos quiero invitaros, con el permiso de la autoridad competente aquí presente, (por cierto también vecino además de paisano), con el reconocimiento del trabajo de la asociación El Cantarico y con la aprobación de todos los que aquí estáis a que disfrutéis de la Feria y de todo lo que en ella se ofrece.

Se escancie por tanto el vino, manen los grifos la cerveza, que empiecen a echar humo las barbacoas y que resuenen las sirenas de los Baby Gaitán y Pedrín, y las novedades que se han ido incorporando en los últimos años hagan sonar sus altavoces, que no pare la tómbola de cantar premios y premiados, que suene la música y bailen las parejas.
Que empiece la fiesta con el beneplácito y concurso de las gentes de este pueblo, pero no sin antes decir con vuestra colaboración:

VIVA EL BARRIO NUEVO.

VIVA BAILÉN.

VIVA SAN JOSE OBRERO.



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