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¡Pagad mamones, pagad!



Y es que nos roban. Con cuatro palabricas finas nos roban nos roban. Qué cantó el Carlos Cano avisando con sus coplas de que el bandolerismo, con uniforme y membrete, aún seguía por las serranías al acecho. La última fechoría detectada ha sido lo del sablazo a traición en el cobro de plusvalías de pisos y casas heredadas. Viviendas que resultaron estar habitadas por los polstergeits insaciables de municipios, cabildos y provincias. Meneaban cuadros, rompían fotos y hacían crujir los muros a la espera de hincar sus colmillos en el testamento de la abuela Cobraban las plusvalías aún a sabiendas que la peña tenía que vender por debajo del coste de mercado. Tan sólo en la provincia de Jaén han sisado unos 23 millones de euros. En periodo de recaudación; ni ejecutiva ni voluntaria; fraudulenta, siempre según el Tribunal Constitucional. Fincas encantadas por impuestos en lugar de por espectros. Los fantasmas son también un valor añadido. Si te descubren con un ectoplasma en el salón te arrean un catastrazo. Si los drones de Montoro sobrevuelan tu corral y fotografían a las ánimas arrastrando su bola y su cadena te espantan de tu cuenta corriente otro suculento porcentaje. Da miedo. Da como un repelús lo pardillos que somos. La mayoría de nosotros estamos hechos unos primos de tomo y del lomo en el que se nos adoban estos parásitos. Hemos caído en lo de la cláusula suelo, en lo de las preferentes, en lo de la baba de caracol y sus falsos efectos regeneradores, en la sisa mensual de la luz que nos deja a oscuras en la comarca con menos trenes del mundo y carísimos kilovatios. Facturas de una energía que no gastamos y que se detiene en impuestos, tasas, derechos, canonjías y prebendas de orondos y boquirrubios ejecutivos que antes fueron políticos y viceversa. Impuestos sobre las sucesiones y heredades que harían abdicar a no pocos príncipes porque no podrían pagar la herencia de hacerse con el reino. A lo que hay que añadir pequeñas sisas y derramas en las onerosas y numerosas fotocopias compulsadas ¿de verdad es necesario que nos sigan pidiendo una copia del DNI cada vez que iniciamos una gestión oficial? Las sanciones por esta póliza, por aquel sello, por rellenar un formulario, por formular una petición, por escuchar un «vuelva usted mañana» o por tomarse un biscúter fuera de la zona habilitada. Hay que abonar o te acogotan con los siete infiernos del embargo. Te congelan la nómina por las bravas, te meten la mano en el bolsillo. Primero te descuentan la pasta y luego preguntan sí eres tú. Ojalá fueran tan eficientes a la hora de cumplir lo prometido como lo son con su maquinaria recaudatoria. El sheriff de Nottingham campea por estos bosques sin que Hood le plante cara. Robin y Marian fueron contratados en un consejo de administración o metidos de paracaídistas en una lista electoral, en puestos de salida, por una comarca vecina de Sherwood. En el castillo hornean las carnes de jabalíes y corzos. Los villanos nos quedamos bufando y con las cuernas retorcidas. Nos cobran por todo y ellos no pagan por casi nada.

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