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ANTES DE LA TIJERA



Mira que han pasado años y se han hecho fotos, se han grabado imágenes y se han oxidado tijeras a lo largo de todo ese tiempo, pero no hay nada que más le guste a un prócer que inaugurar algo, lo que sea. Algo tiene que tener la cinta de colores, coincidentes casi siempre con los que simbolizan el territorio en el que se ubica lo inaugurable, para atraer a bandadas de corbatas y collares de madreperlas cultivadas. Da igual lo que se piense u obligue a decir que se piensa el carné que identifica a cada cuál: las inauguraciones son un autentico festín para el poder: Yo puedo, ergo empuño la tijera y corto la cinta de colores. Y así sonríen a cámara diestra y siniestra y posan con un retalito de la bandera del país, la región o la comarca. Pero hoy  no, hoy en este rincón los que saludan al respetable desde la foto no son los de siempre, no son los de gesto profesional, son los profesionales de recoger los gestos y de esperar a que lleguen los del guiño al público con las tijeras en la mano y la sonrisa experimentada por los años de ejercicio. Pero hoy no, hoy les ha tocado a los que recogen esas caras encantadas de haberse conocido cortando cintas, recortando presupuestos.

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