
Llueven parados sobre las terrazas vacías de los bares del paseo marítimo. La planta de el Corte Inglés sigue vendiendo ropa de marca a los de la cosa pública que se quitan de en medio este verano con las bermudas Tommy Hilfigher y los pareos de Hermés. En los pueblos el plan eñe sigue “dando acera y puliendo acera” a las órdenes de un señor Miyagui que ha perdido el rumbo y anda nervioso por lo que puedan traer las golondrinas en mayo.
Se pueden ver alcaldes manteniendo el equilibrio en el alambre del agobio presupuestario y a sus concejales, escondidos entre las esquinas, esquivando a los acreedores municipales. Las gentes de la oposición dormitan bajo la sombra de una parra esperando a que caigan los racimos por su propio peso. Hay quien sigue hablando de que la culpa de todo esto la tiene la crisis mundial y un jornalero del PER se echa a reír orgulloso de que su solicitud de prestación sea internacional. Los convenios colectivos se negocian a la baja y los sindicatos empiezan a mover músculos que ya creían que no existían y por eso las agujetas les hacen cojear. El abaratamiento del despido se disfraza de reforma laboral y los inmigrantes siguen inmigrando pero a otros países. Los pitones de los toros en llamas nos llenan de humo los ojos para no ver a los toreros estoque en ristre. Y el verano se extiende como mantequilla por demasiado pan mientras una alerta viene y una alerta. Las máquinas se paran en las obras de las carreteras y el silbato del tren cada vez se oye más lejano. Es verano en Jaén
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