
Andan los de la cosa pública, los que son de ella, de la cosa, y los que quieren ser de la cosa, revueltos como gatos en un saco de arpillera a cuentas de las decisiones del baranda de la Junta de cambiar sillones de sitio, ya que los nombres siguen siendo los mismos, y trasladarlos de un despacho a otro.
Así que el que estaba allí ahora está acá, y quien allí estaba acá acaba. Siempre pisando moqueta con zapatos de tafilete o tacón de curapiés. Viene esto a cuento de que nos cuentan que, para que le salgan las cuentas electorales, los que nos gobiernan han decidido seguir haciéndolo pero desde otros lugares, así que seguirán tomando decisiones los mismos sobre los mismos problemas que ya forman parte del paisaje habitual, ese que nos topamos cada día cuando nos levantamos.
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