Este es un viejo clásico que ya se conocía en los años 80 pero que sigue en vigor todavía y que pone de manifiesto la banalidad en la retórica y lo vano de su contenido en la mayoría de la clase política. Para leerlo no hace falta instrucciones. Empieza por donde quieras y ves saltando de casilla en casilla. Al final nunca dirás nada.

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Gracías a Cortés por su memoría

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