
Anda la peña, obviamente ninguna taurina, revuelta en la plaza intentando que se prohíban, corriendo, las corridas de toros que dicen son atávicas costumbres que sacan lo peor de los humanos en su relación con los animales. Aunque esa percepción es cambiante dependiendo de la comunidad autónoma que uno visite que no hay país como España para visitar el extranjero sin salir de las fronteras.
Taurinos y antitaurinos andan al quite y mirando al tendido para llevarse el asunto a su terreno sin que el respetable tire de almohadilla para expresar su contrariedad por la faena.
Sin embargo a un servidor que no le gustan los toros y que jamás ha visto una corrida le llama la atención que nadie haya tenido en cuenta que gracias a la Fiesta Nacional buena parte la provincia aún mantiene grandes espacios de bosque mediterráneo en los que se cría el ganado bravo y junto con él se mantiene un ecosistema único con su flora y su fauna que de no ser por las ganaderías de reses para lidia hace mucho que se hubieran roturado.
Y es que críar toros es rentable y lo es gracias a la Fiesta y a los miles de festejos populares en los que intervienen los astados. Sin matadores de toros, seguro que la Junta estaría abanderando un programa de protección del toro salvaje para impedir que se extinguiera como ya lo hizo el lince ibérico o el landismo de las playas españolas.
Comentarios
El tema de la ley en Cataluña es distinto, aquí no es que sean antitaurinos, es el afán por diferenciarse. Si no existiera el catalán, la lengua, apostarían por el moldavo. La única finalidad es el diferenciarse, les encanta, aunque estas cosas luego las paguemos todos.
un saludo