
Mucho antes que los GI Joe nos invadieran con sus paracaídas de marketing y publicidad encubierta en series de dibujos animados. En aquella época en la que los Pokemon y los Gormitis todavía no eran ni el embrión de una idea. En los años en los que estábamos aún libres de pesepés, nintendos porteibol y equixboxes… hubo un imperio en el que no se ponía el sol, ya que aún después de que la familia Telerín nos hubiera mandado a la cama, ellos seguían dispuestos a todo. Era el imperio de los Madelman.
Muñecos totalmente articulados para salvar al mundo lanzándose desde una maceta de pilastras en el patio de la abuela o arrastrándose debajo de las mesas de la terraza sorteando los enormes colmillos de los gatos El Litri y le Cordobés que nos hacían compañía.
Eran los Madelman con su barba de fieltro y su cicatriz en la mejilla. Como diría un chaval de ochos años de ahora: “Madelman rules” o como decíamos nosotros en la época: el Madelman es lo más guaperico y chulo del mundo mundial y es mas mejor que un fenómeno.
Los había dedicados al mercenariato con sus rifles y machetes. Con un impresionante uniforme de camuflaje.
Otros eran guardias civiles, bomberos, policías montados del Canadá (con el caballo que se vendía aparte), explorador antártico o soldado de las fuerzas especiales. Y todos, todos iban armados hasta los dientes con cuchillos, pistolas, bazookas, rifles, metralletas, arcos, ballestas y demás objetos que harían palidecer al blanducho del Action Man que se ha vuelto un eco activista armado de una pancarta contra el cambio climático.
Si amigos el imperio Madelman era la caña de la España y de los españoles que hoy somos mayores y que a pesar de habernos criado con juguetes bélicos y sexistas, que íbamos a la escuela en clases separadas por sexos, hemos sobrevivido en una clara contradicción de las teorías de la Bibiana Aido, sin ser asesinos en serie o contrabandistas de armas… Pero quien soy yo, viejo ciudadano Madelmanita para poner en tela de juicio las bondades de la Bratz Pajín, siempre urbana y afable o el ímpetu del EcozeroloTransformer y sus superpoderes, que no cejan, para inutilizar a los sprays asesinos..
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