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LOS CONSEJOS DE HOMER




Sigo ejerciendo de espectador desde este poyete de papel. Desde aquí me gusta ver las cosas que pasan en este Jaén nuestro y, lo cierto, es que cada vez pasa menos. Por no pasar no ni el gordo lotero ni el gordo Santa Claus. Anoréxicos ambos con esta dieta hipocalórica de peibé negativo e ipecé creciente.

 Así que, entre atribulado y meditabundo, acabo de acordarme de los consejos, que para triunfar en la vida, en los negocios o en la política acuñó otro gordo famoso: Homer Simpson. Consejos que, a falta de otra referencia ética o estética más adecuada y mejor relacionada con la realidad de esta provincia, entregaba a su hijo Bart como la fórmula para salir airoso de cualquier embrollo.

El primero de esto consejos lo aplican a rajatabla, cada mañana, no pocos de nuestros representantes públicos cuando se enfrentan a las escalofriantes cifras de desempleo que padece Jaén o a su anoréxica economía: “Yo no he sido” . Y mientras lo gritan se rasgan las camisas spagnolo y jilfiguer jurando y perjurando que las colas en las oficinas de empleo, las colas en las oficinas de Cáritas y las colas en las sucursales del Banco de Alimentos, no se han formado por las decisiones que han tomado o por las que han dejado de tomar.

Y ya puestos sacan pecho delante del micro y de la cámara y aplican el segundo consejo de Homer: “Ya estaba así cuando lo encontré” es decir que la cosa ya estaba mala cuando ellos llegaron y que la responsabilidad es de otros. Pulsan el botón del “on” de todos los ventiladores y la humareda difumina lo que pasa. Una niebla que suaviza los contornos de la realidad y que lima las duras aristas de las esquinas del sistema en el que se están dejando jirones de piel los ciudadanos. Gente que sigue esperando que las soluciones sean eso, soluciones. Que los problemas dejen de serlos y que las promesas se conviertan en algo tangible.

Y aquí viene el tercero de los  consejos del Sr. Simpson: “¡Qué buena idea jefe!”. Que es lo que repiten los acólitos a sus líderes después de cada mitín. Con una fe ciega. Sin ver lo que ocurre o usando frases hechas: “la gente se inventa estadísticas con tal de intentar demostrar algo y eso lo sabe el 14% de la gente"

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