
Lo admito. Soy un progre. Siempre lo he sido y siempre lo seré aunque mi actitud vital me cause problemas con el resto de la sociedad, esa pandilla de neocoms y derechones que le niegan el pan y la sal a los pájaros de la libertad que llevan en su pico palabras de esperanza e igualdad a todos los pueblos en sus alas multiculturales y sostenibles ya que se impulsan con el empuje del inagotable soplo del Eolo.
Cada mañana en el trabajo, siendo coherente con mis postulados, saludo a mi jefe y le digo:
Hermano, tuya es la hacienda el caballo y la pistola, Pero mía es la voz antigua de la tierra. ¿Y cómo va a recoger el trigo y alimentar el fuego si yo me llevo la canción?.
-Desde luego Agudo más vale que dejes de usar camisa de tirilla y pantalón de pana. Anda coge la moto y ve a por el correo.
Pero eso a mi no me arredra voy a lomos de mi Scooter y pregunto a los 4 vientos:
¿Es que en las calles y plazas de Andalucía ya no queda nadie más que el poeta?
Con puño de hombre doy gas y adelanto a otros hombres, pero ¿dónde los hombres? ... haciendo preguntas retóricas soy un hacha... libertaria claro.
Soy un progre y como progre jamás uso casco, la que fuera densa melena sigue libre de ataduras, más rala pero inasequible a la alopecia y a las multas de la represora policía del régimen municipal que no paran de reprimir mi derecho de ir sin casco.
Reivindico mi derecho a usar vaqueros acampanados y bufandas con bolsillos. Le digo a mi barbero que atuse mi barba y que mantenga el corte Serrat, Corto por delante y muy largo por detrás. Siempre quedo a las 4 y 10 para ir al cine y abogo por el hombre nuevo, el hombre nuevo de España cantando y no dando el cante.
Soy un progre hombre, un heterodoxo, un tipo con pósters del ché y Bertold Brecht y una foto en bikini de Joan Báez en una estanteria de obra… de obrero y español discutido y discutible
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