
La primavera es lo que tiene que te pone los glóbulos rojos y blancos en ebullición y eso claro te altera y de ahí viene el refrán. Que se te pone la sangre loca y así claro a uno le pica todo y de todo.
Es decir que te pican sitios de tu cuerpo que no creías que ni existían y te pican cosas que tampoco habías visto en tu vida. Además, ahora, resulta que los ácaros, los pólenes, los alérgenos del ciprés, el olivo, la encina, el falso plátano, el pino verdadero y hasta las petunias y las gramíneas empiezan a expeler sustancias microscópicas que hacen que se te pongan los ojos rojos, que las mucosas te goteen de la nariz, que te salgan pelillos de las orejas y que todos tus orificios corporales empiecen a pedir una esquina para rascarse.
Así que ahí andamos con la boca inflamada por la cortisona y el urbason para contener la picadura de un avispón chino, que como no teníamos bastante con las avispas españolas, ahora vienen hasta de
Los brazos comidicos por el sarpullío y el lomo con costras de rascarnos hasta que nos gusta, ahí hasta el fondo, por culpa de los ácaros del polvo que en primavera tienen el tamaño de la moto de Dani Pedrosa.
Y es que en la primavera me pica desde la pri hasta la vera pasando por la ma y lo estoy escribiendo en mayúsculas que picor se escribe con P de Primavera
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