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PORSUPUESTOS




Ya andan las liebres de la campiña jienense en la discusión anual sobre si las cuentas son galgas o más bien podencas. Perras anuales de las leporinas orejonas que se atascan en las riberas de arroyos y ríos, van dejando pasar la corriente que rebaña lo poco que va quedando en los campos. La tierra fértil se va aguas abajo empujada por estas discusiones estériles, debates estancados y encantados de conocerse a sí mismos. Los presupuestos son los porsupuestos de cada año. Cuentas que son el cuento de siempre. Cuentas que alargan el collar en el que esta provincia se adorna y se ahoga. Rosario de desempleados y oportunidades perdidas. De estaciones vacías e historias llenas de jóvenes que se marchan a buscarse la vida antes de que se les gaste en los enrevesados vericuetos de las peonadas o el enchufe que nunca llega. Las liebres manotean y golpean con sus patas traseras el suelo. Levantan nubes de polvo que desenfocan el paisaje. Van royendo las cifras y desestabilizan las certezas matemáticas. Dos y dos serán cuatro si lo dicen los míos y sumarán 3 si lo aseguran los tuyos. Las paradojas numéricas crecen y el cabreo de la gente sube amenazando con desbordarse después de tantos años de ir llenando los vasos. La tensión popular aumenta y el eterno número de los números presupuestarios parece que no será suficiente para liberar la energía sobrante. Pero las liebres siguen a lo suyo culpando al contrario de hacer unas cuentas, en general, caninas. Se siguen haciendo fotos delante de tuberías, carreteras parcheadas, muros recuperados y casas reencaladas. Se ponen estupendas. Chulean de su rapidez verbal y hacen exhibición de su agilidad argumentaria. Hablan de planes y de plenos. Gritan sobre partidas y partidos. Se lían y deslían en las redes. Claman de inversiones y conversiones. De lo público y de lo privado, de sus íntimos y de sus éxtimos. De millones y de sus sillones. Tan absortos están en sus cosas que, en el fragor de la discusión, no oirán los ladridos, cada vez más cercanos y aterrados, de los podencos y galgos que se les acercan. Galgos y podencos que viene huyendo de los molosos que ya les muerden, al grito de podemos, los cuartos traseros.

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