
Ahora que las vacas fenecen, anoréxicas, a falta de pasto económico en las concejalías de urbanismo, las puertas de la casa consistorial se llenan de gente pidiendo lo que es suyo, empresarios abocados al cierre, al despido de sus trabajadores, a la huelga de hambre y a tirarse a la piscina de los medios de comunicación para que les abonen la cuenta estos políticos que ya afilan las tijeras para inaugurar unas obras de las que no han pagado ni los ladrillos, ni el hormigón, poniendo una cara tan dura, como el cemento que les fiaron, en los próximos carteles electorales prometiendo cosas que saben que van a dejar colgadas en la percha del que venga atrás para que arreé.
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