lunes, 2 de julio de 2012

ADICTOS AL TROMBOCID


Don lorenzo nos ha apretado de lo lindo en estos días y ha puesto la cosa al rojo vivo. Tensión entre los hombres y mujeres del tiempo mientras que el tiempo pasa y los que se hicieron con el gobierno andaluz siguen moviéndose a velocidad de siesta.

La administración va al ralentí con el estupor y la perplejidad de los trabajadores escrita en la pantalla plana de su DELL de sobremesa y Linux de código abierto. Y es que ya sienten que lo del SAE, por que existe aunque no lo parezca un Servicio Andaluz de Empleo, y el INEM no les queda tan lejano ya que un martes sí y viernes también los jerifaltes sacan el alfanje, y ya amputados todos los miembros del sector privado, ahora se dedican con precisión quirúrgica a los apéndices públicos.

Esto parece la octava parte de SAW, “recorte o  muere” y como no quieren espicharla están dispuestos a, como el maligno Puzzle de esa película, a sembrarlo todo de trampas asesinas para la cartera ciudadana.

Nos suben la luz, que ya da más miedo que la oscuridad. Ponen el agua a precio de bacardí con cola y hasta al aire le colgarían 23 puntos de IVA si pudieran. El gas natural sube, naturalmente y el tío del butano usa mono con cristales de esvaroski porque las bombonas son artículo de lujo ya. El trombocid y el almax vamos a tener que comprarlo de contrabando como el güinston de pata negra cuando lo de fumar molaba. Los únicos másteres que los estudiantes van a poder catar serán los del universo y en dibujos animados.  Y los abuelos de mi barrio ya se han organizado en una yakuza para trapichear con el voltarén y el nolotil en el mercado negro

Ha llegado la hora de pagar la cuenta y la minuta es un sablazo en toda regla. Tanto es así que hay que echar mano de las tarjetas de crédito y débito a tutiplén  para abonar el dispendio. Pero lo que da más coraje es que los que debieron administrar con tino se quejan de que la culpa del engorde en la factura la tenga la adicción de los ancianos al evacuol y de las flatulencias infantiles que obligan a invertir enormes sumas en aerored.
Los servicios públicos nunca estuvieron tan llenos de gente tirando de la misma cadena