
Andamos chapoteando en el barro y el lodo que las lluvias han dejado como manto sobre buena parte de los campos de la provincia. Los de la cosa pública se han apresurado a enfundarse las botas de goma para fotografiarse, rodeando con sus brazos protectores, a los vecinos abatidos por las riadas que han anegado su casa, ahogado a su ganado y arrasado sus campos. Las katiuskas con logotipo gubernamental se acercan a las riberas de los ríos para descubrirles la realidad de la manga ancha o la ausencia de ella al permitir que se ocuparan zonas inundables. Ponen cara circunspecta y fruncen el entrecejo cada vez que el foco de las cámaras les encuadran con paisaje de catástrofe al fondo.
El agua baja brava por cauces y reabre cárcavas y arroyos olvidados y la crisis se sigue cebando en la economía de esta provincia que ya recoge ayuntamientos que no pueden pagar las nóminas a sus empleados, municipios que , aún sin llover, se están ahogando.
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