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EL BUS PERDIDO


Hay algo no que funciona bien en estos tiempos de tribulación económica, llanto hipotecario y rechinar de dentadura financiera. Si no, no se explica bien, como es posible que un autobús urbano decida, por su cuenta y riesgo de dañarse la trócola, arrancar, sin ningún humano a bordo, y llevarse por delante una farola, dos carteles y una señal de paso de peatones. Así como lo oyen y lo pudieron leer en este mismo periódico la pasada semana: El poltergeist del bus urbano. Un vehículo que quiso emular al maléfico Christine y al que  se le fue la batería para Almería, se puso el carburador por montera y decidió montárselo en solitario sin que los pasajeros siguieran calentándole los carburadores con quejas sobre “la jodida crisis, con lo de que los políticos son todos iguales, con lo de que se recorten ellos… y con lo de esto lo arreglaba yo sacando los tanques a la calle”.

Este  bus, como un Serrat con cilindros, decidió “harto de estar harto” tirar por la calle de en medio y poner en evidencia que la reglas que antes funcionaban ya no sirven y que las cosas hay que cambiarlas o terminaremos empotrados en el escaparate del massimoduti echando un humo pestilente por la trasera.

Y si no que se lo digan  a DG; y no me refiero a la glamurosas firma de moda, si no a Diego y a Griñán que se las prometían muy felices en el taller de la alta gobernatura y resulta que ahora los pespuntes se les salen de los dobladillos de los calzones de sus funcionarios. Creo que andan pidiendo consejo a Vitorio por un lado y a Luchino por otro para que les arme un patrón en el que no les tire la sisa por el sobaquillo del desacuerdo.

Tanto es así que las franquicias de sus tiendas en provincias, las de DG, están todavía sin gerentes y eso que el periodo de rebajas está al caer. Ni delegados, ni delegadas, ni delegables, ni deleznables. Calma chicha en esta tierra media en la que el alcalde de Jaén pasea, dubitativo como Saruman ante el bosque de Fangor, a la sombra de las inútiles vías del tranvía

Si hasta la criatura Gollum se dio cuenta de que se acabó lo que se daba cuando el Anillo se le escapo del dedo. Pero en este tierra, que dicen que esta en la mitad de la media de las estadísticas, los que manejan el poder en las dos torres siguen a lo suyo sin hacer caso a las señales y augures.

No me extraña que los buses se vuelvan tarumbas y los perdamos para sierre. Pero es que de nuevo se llevan los pantalones acampanados. Qué tiempos señores. Qué tropa

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