
En mi casa había dos gatos que respondían, cuando les daba la gana o les apretaba el hambre, a los taurinos apodos de El Viti y el Cordobés, pero cuyas únicas faenas conocidas eran las de quemarse con el brasero y motearse la pelambre blanca como si fueran ocelotes.
Un niño vecino tenía un perro desgreñado al que bautizó como Canelo porque tenía el hocico partido como cantaba Pepe Pinto. En mi calle también había una mula apodada “rubia” por el color de la crin y un par de colorines, que para ser pájaros ya tenían bastante nombre con el de la especie…¿Cómo se llama ese colorín…pues colorín que pareces forastero.
En aquella época a los ratones y a las ratas se les perseguía con la escoba o con el Viti y con el Cordobés por delante. Quien iba imaginarse que años más tarde las madres iban a dejarles criar hámster en una jaula con la rueda por dentro.
Los únicos conejos que eran populares era el de la Suerte y el que los domingos caía en el arroz tras ser desollado en el corral en el que se había criado.
Recuerdo que había un par de borricos con nombres tan poco poéticos como Isabela o Margarito y la verdad es que me chocó, años más tarde, que tuvieran primos que fueran tan blandos como el algodón, pero ya se sabe que la familia es la que te toca y si tu padre era Platero pues platero tú también y luego pasaba lo que pasaba: mira ahí va el burro del hijo del platero. Y de eso ya no te escapas por cien años que vivas
Un niño vecino tenía un perro desgreñado al que bautizó como Canelo porque tenía el hocico partido como cantaba Pepe Pinto. En mi calle también había una mula apodada “rubia” por el color de la crin y un par de colorines, que para ser pájaros ya tenían bastante nombre con el de la especie…¿Cómo se llama ese colorín…pues colorín que pareces forastero.
En aquella época a los ratones y a las ratas se les perseguía con la escoba o con el Viti y con el Cordobés por delante. Quien iba imaginarse que años más tarde las madres iban a dejarles criar hámster en una jaula con la rueda por dentro.
Los únicos conejos que eran populares era el de la Suerte y el que los domingos caía en el arroz tras ser desollado en el corral en el que se había criado.
Recuerdo que había un par de borricos con nombres tan poco poéticos como Isabela o Margarito y la verdad es que me chocó, años más tarde, que tuvieran primos que fueran tan blandos como el algodón, pero ya se sabe que la familia es la que te toca y si tu padre era Platero pues platero tú también y luego pasaba lo que pasaba: mira ahí va el burro del hijo del platero. Y de eso ya no te escapas por cien años que vivas
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