Más allá de las barreras quitamiedos. Más allá de la alambrada de los caminos de servicio. Más allá de los cambios de sentido, de los pasos elevados de las autovías que pasan por la provincia de Jaén aún quedan los restos de una cultura casi perdida. Una forma de ganarse la vida que se nutria de los viajeros que hacían parada y fonda en algunos de los pueblos que fueron creciendo abonados por el trasiego de los que iban de un lado a otro. Eran tiempos con otros ritmos en los que ir de capital a capital tomaba horas y hasta días. No cómo ahora en los que los veloces automóviles pasan de largo por las lomas sin atisbar poco más que campanarios, una oxidada señal indicando un restaurante climatizado o el esqueleto de algún edificio en el que se vendían cerámicas postales y burros de esparto. Basta salirse de las grandes carreteras para ver los restos de bares con las ventanas cerradas por tablones roídos por la carcoma y rótulos destintados por los años. En sus muros cuelgan, com...