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VOTANCIA



Voto pasado no mueve escaños ni tampoco molinos. El agua democrática que sirvió para llenar, más o menos, las urnas de ayer ya se va hoy por el desagüe en busca de la depuradora que la limpie, la filtre y la carbonate activamente para volver a ponerla en uso mañana. El voto como la energía no se destruye, no se evapora ni diluye sino que se transforma y transfigura según humores, amores, errores y horrores percibidos por quienes los depositan o deponen tras el trapaleo de esta larga campaña electiva, el nevertour ending, que a Dylan le daría para un par de canciones y declamaciones.
Hoy que aún se cuentan las últimas papeletas en busca del gol de refilón  o del escaño de churro hay que ponerse a hervir, otra vez, las listas y las candidaturas para el día 26 de mayo que volverá a ser un domingo de primeras comuniones, romerías y votantes. No limpiamos una urna cuando ya tenemos otra por llenar. Se nos va a gastar el voto de tanto usarlo como a la Jurado. Vamos como una ola rumbo a rompernos en una playa llena de guijarros y desacuerdos en lugar de a la arena fina y dorada que nos habían prometido. No hay cocos ni palmeras, sólo jarámagos y cantos rodados,  . Volvemos a toparnos con la cruda realidad de este lunes repleto de madrugones y análisis de los resultados de las elecciones de ayer. Todos sois unos gilipollas menos quienes me habéis votado. Ya veis amigos lectores no todos los votos son iguales para todos, en esta madrugada todos los candidatos daban las gracias a los que los votaron y se olvidaban de los que votaron a otros. Creen que sus papeletas están más legitimadas que las de los adversarios. Todos se creen los buenos de la historia pero hasta el comisario Javert creía a pies juntillas que Valjean era un delincuente y tenía que pagar por ello. Ojalá que no sean miserables y usen los permisos que ayer les dimos en nuestro beneficio y que recuperen el ideal aristotélico del Bien Común.
Hoy como el joven  Hans Castorp me voe paseando por los alrededores de este sanatorio en la Montaña Mágica escuchando los análisis políticos y filosóficos de las elecciones de ayer. Cifras, que a martillazos, intentan meter los candidatos en sus habitaciones para evitar ser desalojados. Entre tanto las enfermeras y las mucamas airean los pabellones para que entre el óxigeno. Abren los ventanales y desempolvan alféizares y balconadas  ajenas a que en la espesura acecha, de nuevo, el áspero encono de unos políticos que no paran de dilapidar el crédito que les dan los ciudadanos.
Respiran a medio pulmón silbando miasmas de una sopa aguada de letras. Pacientes a los que les recetan emigrar a insólitos lugares del mapa para ser candidatos y poder seguir en este juego. En tres semanas votaremos de nuevo y Settembrini seguirá dándonos la barrila sobre qué ungüentos y revoluciones son los más adecuados para el asma que no nos deja respirar entre voto y voto

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