
La vida, amigos del aire de
Así que con esos ojos inquisidores como espadas o machetes queremos poner de manifiesto asuntos que no nos pasan desapercibidos y que siguen sin tener explicación: qué marca de rimel usan las actrices que nunca se les corre de las pestañas. Por qué los malos siempre encuentran aparcamiento en la puerta del banco que van a atracar. Por qué a la pistola del bueno le cabe más balas que a las del malo. Por qué su caballo corre más que ninguno y cómo, por qué, cuando a ella la liberan de su cautiverio de años en una lóbrega mazmorra tiene la permanente perfectamente hecha.
Tampoco nadie ha sabido explicar nunca por qué cuando el coche nos deja tirados en la carretera levantamos el capó para mirar dentro del motor cuando no tenemos ni idea de mecánica. Cómo si con levantar el capó, ponernos en jarras y mirar los manguitos del aire fuera suficiente parar arrancar de nuevo. Y qué me dicen de la inveterada manía de golpear todo aquello que se rompe. Cómo si a base de collejas se pudiera reparar cualquier aparato: “Ahí Manolo, dale ahí que parece que se le va la nieve a la tele” .si es que somos como cromagnones saliendo de marcha con la cachiporra en la mano.
Tampoco hay una teoría clara que explique por que los seres humanos masculinos, es decís los tíos, se queden embobados mirando una grúa cuando pasan por una obra. Por qué no pueden resistir el impulso de comprarse un destornillador cada vez que van a una tienda de todo a cien. Todo el mundo, hasta nosotros, saben y sabemos que no tenemos ni idea de la diferencia entre la punta de estrella y la llave alle. De qué significa la o con un palote en medio que viene en las cajas de brocas y qué distingue a un taladro percutor de uno que sólo atornille.
Y encima nos empeñamos en comprar muebles para montar en casa : “estantería ensamblafácil en madera de nogal de seis baldas”. Sólo el nombre del artículo tiene más texto que las instrucciones para montarla que traen un dibujito con unos tornillos que no has visto, ni veras en tu vida.
A todo esto hay que añadir otras preguntas sin respuestas que nos atormentan: por qué Alan Ladd nunca se despeinaba ni cuando se quitaba el sombrero, por qué tenía que salir sin camisa en todas sus películas. Es más, qué ocurre con los personajes de una historia cuando lees la palabra fin. Por qué la cerveza del bar está mas buena que la de tu casa, por qué estiramos el meñique cuando bebemos una taza de té y por qué seguimos frotando las monedas para echarlas a la máquina del tabaco. Cuál es la razón que nos empuja a ello.
Pero para terminar quiero dejar en el aire una de las grandes preguntas sin respuesta del ser humano : por qué todas las teteras de las cafeterías se derraman al intentar llenar la taza y por qué, cuándo queremos mermelada de fresa sólo hay de albaricoque y cuando la queremos de albaricoque sólo la tienen de fresa… que misterio...




